El tercer volumen de la serie que incluyó a librerÃas y calesitas de la Ciudad está dedicado a las pizzerÃas, todo un clásico de Buenos Aires. El trabajo reseña la historia de la pizza como alimento netamente popular y su desembarco en Buenos Aires junto con la inmigración italiana.
Hay objetos, sitios y aromas entrañables a Buenos Aires. Ellos están y permanecen en su esencia, lo que no impide rendirles homenaje como parte del acervo cultural de la Ciudad. La Dirección General de Patrimonio, mediante la SubsecretrarÃa de Patrimonio Cultural, auspicia emprendimientos que ofrecen tales tributos. PizzerÃas de valor patrimonial de Buenos Aires, tercer libro de la serie temática iniciada con LibrerÃas (2004) y Calesitas (2005), integra una colección que resume y destaca espacios comerciales imbricados en el sentir ciudadano. Junto con los cafés, las pizzerÃas porteñas son lugares de reunión familiar donde se practica una liturgia gastronómica de culto. El libro será presentado el próximo jueves 23 y estará a la venta en la Tienda Cultural de la Casa de la Cultura desde el viernes 24.
La pizza, nacida al amparo del hambre severo, ganó con el tiempo un justo sitial en la mesa sofisticada, y en Buenos Aires siguió el mismo destino que en Italia. Llegó para sumarse al gusto porteño y, por extensión, al de todos los argentinos.
El libro, de cuidada presentación, reseña la historia de la pizza y las pizzerÃas en el mundo y luego se enfoca en el devenir local desde el primer fainá porteño (1882), elaborado por Nicola Vaccarezza, hasta la prolija selección de 37 destacadas pizzerÃas de la Ciudad.
Curiosidades e información prolijamente compaginada acercan al lector detalles de la historia de esta comida universal con un probable origen allá por la Edad de Piedra. Precisamente, sobre grandes piedras calentadas por brasas se cocÃa la masa de pan en forma de tarta o galleta. Heródoto, en el siglo V a.C., menciona en sus relatos de viajes una receta babilónica de panes achatados y ligeramente esponjosos, seguramente antecesores de la actual pizza.
Entre las ruinas de Pompeya, el arqueólogo Amedeo Mauri asegura haber encontrado una estatuilla de un pizzaiolo (el que amasa la pizza). Pero es recién con el Descubrimiento de América que los españoles encuentran, en tierras mexicanas, el tomate. En el siglo XVI el tomate se integra a la cocina europea y forma una indisoluble pareja con la focaccia en sus distintas versiones, hasta alcanzar la forma actual.
Horacio Spinetto y Esteban Moore, los autores de esta obra de formato inusual, realizaron una eficaz investigación bien complementada con la fotografÃa de Sol Arrese para redondear un libro/objeto que, en pocas palabras… es delicioso.