A seis años del gran pozo económico, Mar del Plata luce como en sus años dorados: una ciudad popular, ya lejos del origen distinguido y elitista de principios del siglo XX. En ese contexto, los hoteles sindicales han sido piezas fundamentales para la idea peronista del “turismo social“. Ahora, después de años de decadencia -otras vÃÂctimas de los 90- parecen resurgir, pero con una particularidad paradójicamente aggiornada a la época: ya no sólo aceptan huéspedes afiliados al gremio que les toca; además, abren las puertas al turista independiente.
Es asàque la mayorÃÂa de los hoteles reconocen que hoy trabajan casi con la misma cantidad de pasajeros del gremio como de los otros. Y durante todo el año. “Tenemos un 50% y 50%. Y estamos a tope. En el 95% de los casos ocurre lo mismo en el resto de los hoteles”, cuenta Verónica Ayala, recepcionista del hotel del Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines (SETIA).
En Mar del Plata existen 82 hoteles gremiales, con capacidad para albergar a cerca de 10 mil pasajeros. Si bien el servicio no se califica con estrellas como en los privados, los gremios ofrecen alojamiento comparable con dos, tres y cuatro estrellas. Incluso algunos tienen comodidades de cinco estrellas (como los recientemente inaugurados hoteles de Camioneros y Obreros de la Construcción).Pero la tarifa para los particulares (más allá de lo que paga el afiliado, que es realmente ÃÂnfimo), si se compara con los hoteles independientes, es bastante más baja en la mayorÃÂa de los casos. Por ejemplo, una doble en el hotel de los Metalúrgicos cuesta 35 pesos por persona para los afiliados y 160 pesos al público. “Hay una diferencia del 20% o más con los otros hoteles. Un privado de tres estrellas, como serÃÂa ése, te saca cerca de 200 pesos”, resume el conserje de un hotel sindical del centro que prefirió mantener el anonimato.
La mayorÃÂa de los hoteles gremiales dan prioridad a sus afiliados y, de existir lugar, abren las puertas a la calle. Pero en temporada baja parece ocurrir todo lo contrario. “Hay que sobrevivir al invierno”, resume una fuente cercana al gremio de los municipales de la Provincia.
Los turistas los eligen, pero los hoteleros privados protestan. “Es una competencia desleal”, reclaman en la Asociación Hotelera local. “Los hoteles sindicales están exentos de un montón de tributos. Pero ojo, no estamos en contra de que estén abiertos. Sàde que reciban pasajeros de la calle, porque la diferencia de tarifa es muy grande”, comentó una fuente de los hoteleros.
El miedo es porque esa tendencia aumenta. “Algunos hoteles ya priorizan a los huéspedes particulares porque es la única manera de mantener la estructura”, comentó el conserje de un hotel sindical. De hecho, la mayorÃÂa de los gremios tercerizaron la administración para no correr riesgos en los gastos y es allàdonde menos huéspedes afiliados hay. E incluso otros, como el de Luz y Fuerza, albergan esta temporada a tres equipos de fútbol de Primera División.
“Es un poco perverso porque los del gremio ahora tenemos menos dÃÂas disponibles. Antes nos daban 15 y ahora es una semana o dos, pero partidas. Me pregunto qué pensarÃÂa Perón”, dijo con una sonrisa la turista Elsa Cortés, alojada en el tradicional Riviera, de los Empleados de Comercio antes de partir al sol, sombrilla en mano.
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